La magia existe.

Leo libros y textos, en la medida de mis posibilidades, la mayoría de ellos filosóficos o poéticos. No niego que tampoco lea algunas novelas y que no eche un ojo a la prensa de manera diaria (sabiendo el daño para la salud que me suponen las malas noticias). Por otra parte, leo algunos artículos científicos y revistas varias, incluso los catálogos que dejan en mi buzón de vez en cuando. Vamos, leo lo que puedo y, también, escribo.

Es ese momento en el que lectura y escritura se unen en el cual se produce la verdadera magia que sólo se encuentra al alcance de unos pocos afortunados. Cuando un escritor escribe, elige minuciosamente las palabras que considera adecuadas para argumentar, describir o contar sin más aquello que quiere hacer público. La elección realizada por el autor es, sin duda, un acto de violencia, un acto en el que realiza un apartheid de todo un elenco de palabras que seguramente merecieran aparecer en el texto. Pero el autor no lo considera así y las deja fuera, sin mención ninguna a todas ellas.

Este momento violento es mágico, extremadamente mágico. Gracias a que el autor elige decirnos aquello que nos dice, argumentar aquello que argumenta o describir aquello que describe, quedan fuera del texto un sinfín de variables que se relacionan directamente con éste y no ven la luz. En ocasiones, aquello que no se dice en el texto es lo más importante del propio texto (recordemos el Tractatus).

Así, lo verdaderamente importante de muchos libros no son sólo los libros en sí, sino la implicación mágica nacida de la violencia de la falla realizada entre lo elegido y lo no elegido con nuestra imaginación, porque gracias a ello, un libro no sólo nos permite vivir aquello que se encuentra en su interior, sino investigar, deducir y suponer aquello que aparece fuera de él.

Queda demostrado así, que la magia existe.

Las rosas

Si tu frescura a veces nos sorprende tanto
dichosa rosa, es que en ti misma, por dentro,
pétalo contra pétalo, descansas.

Conjunto bien despierto cuyo centro
duerme, mientras se tocan, innumerables,
las ternuras de ese corazón silencioso
que suben hasta la extrema boca.

R. M. Rilke.

Eres

Eres todo aquello que imaginaba tener, cuando en la felicidad de mi infancia deseaba compartir. Ese rayo de sol que alegra una tarde de vertiginosa lluvia convirtiendo el cielo en un lienzo de colores. Eres esa afinada nota de música que irrumpe en el silencio al deslizar una dulce caricia sobre tu cuerpo. Ese trazo de pintura que se esboza con cada inmerecida palabra que trata en vano de describirte. Eres ese verso que todo romántico poeta desearía componer bajo sílabas en perfecta correlación. Ese espacio de orden y filía en una realidad caótica, violenta, ajena y enemiga. Eres la gota de coherencia en un vertiginoso mundo compuesto de un océano de prejuicios sin sentido. Ese instante de eternidad constante en un la finitud del ser humano. Eres ese mostrar que no se puede decir y sólo vivenciar.

Eres todo aquello que no puedo relatar, aquello que se escapa a mi intelecto, aquello que abruma a mis sentidos. Aquello, y sólo aquello que, cuando te siento, sólo puedo callar y disfrutar.

Eres, sobre todo, aquello que no he dicho, porque es demasiado importante como para menospreciarlo utilizando palabras al alcance de cualquiera.

Nada como escribir a la irrealidad.

El tiempo

La mayor ocupación

es la del intelectual

el sabio, 

el hombre de letras

buscando diálogo con el pasado

escribiendo la conversación con el futuro

pensando en eternizar el presente.

El que trabaja físicamente

pierde su vida, la malgasta

malvende su bien más preciado

por puñados de monedas

con las que compra un presente falso

para vivir un futuro arrepentido

olvidando un pasado hermoso.

El tiempo es el bien más valioso de todos. Desgraciadamente, al ser etéreo, no nos damos cuenta de lo que perdemos al no poner en juego nuestra vida en cada instante.

Como dije una vez: No pierdas el tiempo. Pudo haberlos mejores, pero ninguno como el tuyo.

Creer

A mi amiga Paula López De La Fuente.

 

Todos creemos necesariamente:

En algo tangible,

Como una figura.

En algo imaginario,

Como un sueño.

En algo esperanzador,

Como dios.

En algo latente,

Como un sentimiento…

O necesitamos creer simplemente,

En aquello que nos hace creer:

En nuestro pensamiento,

En alguien,

En ti… creer en ti misma.

 

 

El verdadero sentido de la vida no reside en la completa respuesta de toda pregunta lógica.

 

 

Estrella fugaz

ESTRELLA FUGAZ

En la oscura noche

Ilumina

Con la fogosidad de un momento entre amantes

Durante un instante

El cielo

Dibujando

Un hilo de esperanza

De un infeliz

Que la observa

Y pide un deseo dando un nombre en el vacío

¿Es inútil?

Es indiferente

Es la vida

Es poesía

Devenir.

Gran poeta, gran filósofo por tanto

Charles Bukowski (Andernach, Alemania, 1920 – Los Ángeles, 1994), nos deja en su último poemario publicado en vida “Poemas de la última noche de la tierra” (1992) la siguiente poesía con la que, curiosamente, me encuentro, no sé si cruelmente o de manera fatídica, completamente de acuerdo.

ESTE

disparate de autocomplacencia que consiste en que los

famosos se reúnan para aplaudir su supuesta

grandeza

te

preguntas dónde

están los verdaderos

en qué

gigantesca cueva

se esconden

mientras

quienes carecen por completo de talento

se inclinan ante

los que los aclaman

mientras

a los bobos los

vuelven a

engañar

te

preguntas dónde

están los verdaderos

si es que hay

verdaderos.

este

disparate de acutocomplacencia

lleva durando

décadas

y

con algunas excepciones

siglos.

es

tan triste

tan absolutamente inmisericorde

te

revuelve y deshace

las tripas

aherroja la esperanza

hace que

cosas nimias

como

subir una persiana

o

ponerte los zapatos

o

salir a la calle

resultén más difíciles

casi

odiosas

mientras

los famosos se reúnen para

aplaudir su

supuesta

grandeza

y

a los bobos los

vuelven a

engañar

humanidad

jodida

hija de puta.

Sin duda, su forma de escribir es peculiar. Pero tanto su poesía como su prosa son una lectura prioritaria para todo interesado en lo verdaderamente importante de la vida.