El ébola, analizado por alguien que no tiene ni puta idea

Se puede leer en multitud de lugares información sobre el ébola. Es más, ya hay vídeos para los más vagos en los que nos podemos enterar de cómo se transmite el virus: para empezar se dice que únicamente por fluidos corporales (lo cual me recuerda al sida).

Si esto es cierto (no sólo lo asegura Wikipedia, así que asumo su veracidad) tampoco hay que alarmarse como lo estamos haciendo: se transmite por contacto directo con heces, saliva, semen, sangre, sudor o vómitos (que se me ocurran). Si es así, difícil es contagiarse si tenemos un mínimo de higiene y ningún contagiado (y con la enfermedad desarrollada, dado que si no, no se transmite, dicen) nos escupe.

Ahora bien, sin tener ni la más jodida idea, me ha dado por ir a la WHO (OMS para nosotros) e informarme, desde mi absoluta ingenuidad. Así, he descubierto ciertos datos interesantes:

–          Desde la aparición del nuevo brote en África Occidental en 2013 se han dado 3.431 muertes en 7.470 casos. Que, con una regla de tres simple y proporcional, si no me equivoco, se puede decir que es mortal para el 45.9% de la población en zonas de ínfimo desarrollo como son Guinea, Sierra Leona y Liberia. En otras palabras, las personas mueren de ébola en zonas en las que es necesaria la presencia de médicos voluntarios (cosa que trataré más tarde) por falta de capital, condenadas por el mundo desarrollado.

–          Paralelamente, en la República Democrática del Congo (irónico el nombre) hay –hasta la fecha que he podido ver- 62 casos, de los cuales han terminado en muerte 35 (es decir, con un 56.4% de mortalidad). A su vez, se ha registrado un caso en España (cabe recordar que hace 48 horas no había revuelo en el país y ahora sí, pero eso luego).

–          Por gripe mueren al año 3.000 personas en España. Además, leo que 1.4 millones de personas mueren en el mundo por tuberculosis y 855.00 por paludismo.

Con todos los datos sobre la mesa y desde la más absoluta ignorancia diría que, siendo España un país desarrollado (con internet de banda ancha y todo eso) la gripe da más miedo que el ébola. Sumando poblaciones consigo el siguiente resultado: 22,136 millones de personas habitan África Occidental (sumando la población “censada”, entre comillas dado que serán más, por aquello de que allí las cosas son difíciles). Es decir, entre Guinea, Sierra Leona y Liberia son unos cuantos y de ébola se han muerto 3.431 (que sepamos, porque seguro que serán más). En España somos el doble más o menos, 47,27 millones (aproximadamente, que estoy cogiendo cifras del 2012 al 2014, que tampoco le voy a pedir más a Google ni a exigir más a mí) y de gripe mueren 3.000 personas cada año. Ojo, teniendo unos índices de desarrollo infinitamente superiores, un índice de riqueza incomparable al suyo, sin entrar en la mortalidad infantil y ya no tratemos aquello del agua potable o la esperanza de vida: allí es de 49 años en hombres y 53 en mujeres. Objetivamente, la gripe me debería acojonar más, porque en un país desarrollado se funde, porcentualmente, a la mitad de los que se funde el ébola en un país en el que muchos enfermos se encuentran en habitaciones hechas con telas y palos.

El caso es que la gripe ya no me acojona. Me acojonó, me los puso de corbata, eso sí, aquello que salía por la TV del H1N1 (una cepa súper mala, súper mortal, súper jodida) que afectaba a Europa entera (si mal no recuerdo) y que nos iba a hacer polvo, matando a un número incalculable de personas… pero después de meses de malas noticias, aparece una farmacéutica privada que cobra bien de pasta de las arcas públicas de todos los países y que tiene una “cura-vacuna” (desconozco si curaba más que un ibuprofeno o no): con la subvención de las arcas públicas se forra hasta encontrar la cura (o el placebo), después se forra con una segunda capa de panoja vendiendo el invento (y anunciando que las peticiones desbordan las previsiones) y durante todo ese berenjenal sus acciones suben como la espuma, y se forran más. Y después… bueno, después la gripe fue como siempre, cumplió sus porcentajes de muerte, pero esto no fue nada similar a The walking dead (como decían). Ahora bien, en los hospitales quedan como recuerdo (todavía) esos carteles que hicieron las empresas de ciertos colegas, los envases de la “cura milagrosa” que hicieron otras compañías, las instrucciones de uso que imprimió otra, los anuncios durante las noticias, los artículos que compraron los que los vieron, etc, etc… vamos, que parece ser que si hay algo común en todos los apocalipsis pandémicos es el dinero en movimiento. Dinerillo fresco y rico, mientras otros sufren. Recuerdo en este punto que yo soy un ignorante, quizá no sea todo tan simple, pero bueno, por lo que he leído el ébola tiene un rango de muerte del 20% al 90%. Vamos, que en países desarrollados si se hacen bien las cosas… se forra el que debe forrarse y se mueren cuatro (por el bien de la fortuna de los ricos, claro).

Ahora entramos en el papel de España (no voy a hablar de otras repatriaciones). Nuestra “querida” Ana Mato (tratando de hacer honor a su nombre) “decide” repatriar a dos misioneros infectados por el virus del ébola gastando una pasta que no tenemos (bueno, sí tenemos, si no sería vivir por encima de nuestras posibilidades, claro). Imaginemos, por un momento, que en lugar de hacer eso, le aplicamos la lógica de los dos dedos de frente al asunto: invirtamos todo ese dinero en salvarlos allí. Así todo lo que se va en traslados y evitar infecciones aquí, lo invertimos en tratar de curar allí. Bueno, no se puede esperar más de una persona que no veía deportivos en su garaje y a la que manda un tipo que dirige un país teniendo un problema de dicción tal que sería el hazmerreír de gente como yo, idiotas, en el colegio.

De todos modos se hace, los misioneros (buena gente, quede claro) quieren venir a morir a su país (algo legítimo) y España (bueno, algunos españoles, o sin ser españoles tal vez), ¿por qué no?, está interesada en tener la cepa del virus aquí, imagina tú que por lo que sea descubrimos la cura (o algo que dé el pego) y se forra el laboratorio de mi colega, ese que me da el porcentaje por los favorcillos sin importancia. Pues bien, vienen aquí a España con unas medidas de seguridad dignas de principios del siglo XX. Mientras los políticos se hacen la foto, se convierten en los buenos, solidarios y humanísimos (a la vez, los índices de pobreza crecen sin parar y seguro que avergüenzan a esos mismos curas que “tratan de salvar”). Cabe decir que, sabiendo que ambos enfermos tenían varias complicaciones, los trajeron a morir a su país, tal cual. Bajo esa premisa, hay diferentes funcionarios (con y sin la formación necesaria) obligados a participar de todo ese lío. Si de la ecuación eliminamos la pasta que se tienen quedar los políticos por hablar, nos queda que no hay medios para hacer eso, pero se hace. Si a la falta de medios y a la obligación de jugarte la vida ante algo que no quieres, añadimos que se da aquello de la formación insuficiente tenemos como resultado el primer caso de infección en España. ¡Yupi!

Sobre eso, la infectada es auxiliar de enfermería (auxiliar, que no enfermera) y ha tenido contacto directo con el infectado. Y digo yo, que soy tonto: ¿quién tiene contacto con los malos malísimos de verdad? ¿Batman o Robin? Batman, porque está más preparado, porque sabe y porque es el que tiene la pasta. Pues aquí mandamos al peón a hacer la instalación eléctrica en lugar de que vaya “el chispas” y así nos pasa: que se nos va la fase y encima todavía dicen que tiene la culpa el que no sabe. Ese tipo de situaciones deben abordarlas gente sobradamente preparada para ellas. El estado debe hacerse cargo de formar a especialistas en propagaciones víricas, pero más bonito es quedarse el dinerín y mandar luego al pringado.

Para ir terminando, teniendo en cuenta los umbrales del virus (y los ejemplos de EEUU), no parece que vaya a morir ningún infectado en España al que se le “coja a tiempo” y no tenga otras problemáticas de salud, pero oye: cómo y cuánto vende el miedo, ¿no? Es el miedo, y no otra cosa, el verdadero leitmotiv de la historia del ébola: ¿cuánto dinero produce el miedo? Produce mucho, demasiado, lo suficiente como mantener el ritmo de vida y el estatus social de los que lo propagan por mucho tiempo. Y no olvidemos que nunca está de más tener varios mártires, así controlaremos a la población, dado que dependerán de nosotros para sobrevivir. Pues eso, evitamos sublevaciones y preocupaciones estúpidas, porque aquí, tomando a Marx, lo que se trata es de que no se piense: bien vaciando la barriga del pensador o bien mermando o preocupándole por su salud, para que si hace algo, sea por su supervivencia, no por su bienestar. Que no es lo mismo ni es igual.

Y es por esto, y no por otra cosa, por lo que España repatría misioneros con ébola y no espeleólogos con una fractura incompleta de una vértebra lumbar.

En fin, aquí el ébola por alguien que no tiene ni puta idea.

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