Respira

El comienzo es un grandísimo subidón de adrenalina. No hay nada similar. Cada acción, cada acontecimiento… todo pasa a velocidades relativas. Es increíble, un lanzarte al vacío,  una especie de sensación antigravitatoria que se transforma en una indescriptible fuerza de atracción.

Conforme avanza el tiempo, las cosas cambian. Mi cuerpo comienza a arder, es un tipo de calor indescriptible. Solo una situación así puede proporcionarlo. Es placentero pero, a la vez, el nerviosismo se apodera de mí. Me da tiempo a pensar en las consecuencias, en si saldrá bien o saldrá mal. Soy positivo y creo que todo saldrá bien, que todo saldrá como yo espero. Aunque la situación ya no depende únicamente de mí, haré todo lo posible por continuar con ella. Aún así, conozco y no olvido que todo no está en mi mano, ya no.

Lo curioso es que lo más importante, el mejor momento, está por llegar. Quizá sea estúpido ese pensamiento, pero desde que tengo uso de razón lo he tenido en mente: el futuro será mejor que todo lo que me han deparado las circunstancias hasta ahora.

Ella nunca me quiso y la historia de amor únicamente formó parte de mi imaginación, no de la realidad. Ahora, tras treinta metros de caída, el golpe contra el suelo es inminente, ella no lo merece, pero ya no depende de mí…

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