Lamento, profundamente, haber nacido español.

Lamento, profundamente, haber nacido español. No suelo comulgar con Dragó, pero ahí le doy toda la razón y me uno a su clamor: yo también lamento, profundamente, haber nacido español.

Lamento haber nacido en un país en el que los políticos son marionetas del poder. En el que el poder reside en unos cuantos que lo reúnen porque tienen dinero. Lamento haber nacido en un país en el que no hay un sistema democrático verdadero, un país en el que la historia de su época actual se basa en una gran mentira que fue la transición. Lamento haber nacido en un lugar así.

Lamento haber nacido en un estado en el que la gente da asco. En el que se obtienen licenciaturas a base de poner dinero. Lamento haber nacido en un país de licenciados incultos. Un país en el que pocos conocen a Abderramán III (por ejemplo), pero todos saben sobre Cristiano Ronaldo. Lamento haber nacido en un territorio en el que se engaña a la población con facilidad, en el que mentir no tiene consecuencias, en el que la ética y los valores brillan por su ausencia.

Lamento haber nacido en un país como España. Profundamente. Muchos de los que lean este texto se verán identificados y pensarán que tengo razón. Lamentablemente, también lamento su existencia, porque, probablemente, cumplan con alguna de las características de la población que hace que me avergüence vivir en un país como el “nuestro”.

Mientras, “disfrutemos” de lo bien que lo pasamos cuando la selección ganó el mundial rememorándolo al son de una veintena de multimillonarios que se encuentran de vacaciones por Sudáfrica.

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