Luna

Dicen los astrónomos que cada vez vemos la Luna más pequeña, que, con el paso de los años, miles de años, se aleja de nuestro planeta, se aleja de nosotros.

La Luna es ese astro que siempre está presente en nuestra vida. Haciendo compañía a los solitarios, alimentando la imaginación de los soñadores, sosegando la tristeza de los melancólicos, siendo la referencia de las parejas en sus noches de amor… incluso es partícipe de la fría oscuridad en la que ocurren crímenes bajo su falsa luz, mientras que también sirve de inspiración para inventar mitos y leyendas que atormenten a los más pequeños, consiguiendo así que se vayan a dormir. La Luna, tan aparentemente redonda y clara, a la vez falta de luz propia… que jamás nos enseña una de sus caras, quizá por maldad, quizá por miedo, quizá por imposibilidad o benevolencia… su razón para ocultarse es tan misteriosa como todas las historias que nuestra compañera sabe de nosotros y calla.

Porque ella nos conoce, y nos conoce muy bien. No sólo porque lleva toda la historia contemplándonos, sino porque fue testigo directo de los más grandes episodios en los que la humanidad ha sido protagonista, para bien o para mal. Ella ha sido testigo de los intercambios fenicios con los cartagineses en el Mediterráneo, de las conversaciones bajo el silencio nocturno de los antiguos griegos, observó a Napoleón en Egipto hablando a sus hombres sobre el respeto que habían de mostrar a las pirámides, pudo ver la crueldad del hombre en las Guerras Mundiales, las masacres de las bombas atómicas y los genocidios sudafricanos, todas las guerras europeas habidas y por haber… infinitos delitos, atracos, violaciones, torturas y asesinatos a lo largo del mundo… todo ello ha sido presenciado por nuestro astro, ese que nos lleva acompañando desde el primer momento de nuestra andadura.

Dicen unos que nosotros le hemos visitado una vez, otros que fue una mera recreación… sea lo que sea, el pensamiento del hombre siempre se encuentra enfocado a encontrar un rendimiento a un lugar que, aún viendo la tiranía del observador para consigo mismo, sigue intentando servir de inspiración a filósofos, poetas, matemáticos, amantes, solitarios… en su absoluta bondad no ceja en su empeño de reconducir un barco (como hacía en el pasado) que cada vez se encuentra más a la deriva… y quizá se aleje por eso, porque tiene miedo, pánico… Tiene verdadero terror de que tras ayudarnos, terminemos por destruirla, como hacemos con la Tierra. Mientras ella se encuentra en la necesidad de ser testigo impasible de bondad infinita de los más atroces acontecimientos que el ser humano pueda imaginar, dado que es capaz de llevarlos a cabo.

En recuerdo de Neil Armstrong, DEP.

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