Fotografía

Es extraño explicar el fenómeno que acontece en mi situación. Cuando esto comenzó a ocurrirme fue en un momento muy concreto de mi vida y, ciertamente, se ha convertido en una especie de habilidad, o capacidad, interesante y sentimental.

Puedo ver a mis familiares, en sus quehaceres diarios. Soy capaz de verles durante la hora de la comida en el salón, disfrutando de una conversación familiar, descansando mientras ven la TV… también cuando abren su cartera, ya que muchos me llevan consigo a todos los lados… incluso algunos encienden velas en una especie de santuario mediante el que intentan que protejamos a los suyos y, a su vez, nos protejan a nosotros, allá dónde estemos.

Lo que peor llevo es, sin duda, cuando mis familiares y amigos vienen a visitarme. Sus caras de tristeza lo dicen todo, lloran, se abrazan… el silencio se convierte en el sonido más ensordecedor, haciendo que el tiempo se pare y nada avance ni nada retroceda… por un momento la Tierra deja de girar y el Universo entero paraliza su rumbo para retomarlo bruscamente. Los recuerdos vienen, los sentimientos afloran y en la vorágine de sensaciones todo parece no continuar su ritmo habitual. Después, por suerte, todo se calma y tras dejarme unas flores, suelen irse apenados, pero con ganas de seguir disfrutando y luchando cada día de su existencia.

Yo, gracias a ellos, puedo estar en sus casas, en sus vidas diarias, con todos, porque me recuerdan y siempre les acompaña una fotografía mía a través de la cual puedo seguir con ellos lo que les ocurre. Aunque no les pueda hablar, no les pueda abrazar, no les pueda decir que les quiero… les puedo mirar, fijamente, como hacía en vida, y no hay nada que más verdad contenga que el tú a tú de los ojos de dos personas.

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