España, el Papa y pensamientos de verano

En vista de la inminente visita del, aclamado por sus fieles, Papa a Madrid y de la congregación de feligreses de diversa índole pero de parecida e irracional fe que va a atraer, voy a intentar reunir unas cuantas jocosas consideraciones al respecto de la iglesia y la religión que, supongo, no serán las primeras y, quizá, tampoco serán originales pero, como sabemos, ya todo lo pensaron los griegos. De todas formas, allá van.

Lo primero, y es algo que me llama la atención, es la utilización de espacios públicos para la realización de una celebración privada, porque es privada. La Comunidad de Madrid ha cedido escuelas y pabellones polideportivos que son mantenidos por sus contribuyentes, laicos o no, para la causa. Curiosamente y para variar Esperanza (que le viene el nombre como anillo al dedo en esta situación) no ha preguntado, ha actuado (algo que distingue a los políticos de los intelectuales es ese punto: actúan, no meditan) y con impuestos de personas de toda condición ha decidido sufragar la estancia de un grupo social. Como no, favoreciendo una sociedad de clases.

Por otra parte, aquellos que acudan en calidad de peregrinos tienen descuento (un 80%) en transporte público. Mientras a nosotros (todos) nos suben el billete sencillo un 50% para sufragar el regalo. La fe mueve montañas y tiene descuento en el “bonometro”, por lo visto.

La reunión la hacen en España… ¿por qué no en un país africano? Porque no tienen infraestructuras… y claro, tampoco van a ir los creyentes a ensuciar sus manos allí para construírselas a esa pobre gente que muere de hambre. Siempre es mejor mirar a otro lado y llenar el cepillo de la iglesia para que el sacristán se compre una sotana nueva.

Tomando ahora por banda la religión nos encontramos ante el siguiente hecho: a Jesucristo lo crucificaron. Efectivamente, pongámonos en el caso de que me lo creo (o no, es indiferente). Bueno, el problema que se plantea es el siguiente: si hubiera muerto en la silla eléctrica… ¿llevarías una sillita eléctrica con su esponjita bañada en oro colgada del cuello? Me gustaría escuchar alguna respuesta de un buen conocedor de su religión.

Por retomar el acontecimiento que me ha llevado a esta reflexión me gustaría lanzar una pregunta: ¿Por qué lo llaman JMJ (Jornada Mundial de la Juventud) si su protagonista es un abuelillo de 84 años?

No son más que unas cuantas consideraciones que me han venido a la cabeza mientras conducía y pensaba en porqué van a cortar medio Madrid y hacer la vida imposible a sus ciudadanos debido a un convencimiento irracional de una masa ingente de seres.

Dos cosas antes de despedirme, una: espero que ningún “chiflado” argumente ciertos aspectos con el típico “hacemos negocio”, porque lo harás tú, si eres empresario, no yo (ni la mayoría) que somos contribuyentes y que no veremos ni un duro ya que no vas a pagar más impuestos por lo que ganes gracias a esa “genial” idea que han tenido.

Y la última: quede claro que respeto (es decir, me dan igual) a los creyentes. Puedes orar a dios todo lo que quieras, los monólogos interiores pueden ser, incluso, bastante útiles para ayudarse a uno mismo pero, y esto es importante, igual que he dicho que respeto a aquél que habla a dios; me da miedo, y mucho, aquél que afirma que dios le responde (recordemos que aquellos que dicen oír voces son los llamados locos y pueblan los manicomios, así que o todos o ninguno).

Sin acritud.