Profesar

Como bien presenta Derrida en Universidad sin condición (libro de conferencias que se lee en una tarde y que recomiendo, fervientemente) todo profesor ha de profesar con lo que enseña. De hecho, profesor proviene de profesar y profesar tiene connotaciones religiosas: aceptar aquello en lo que se cree como verdadero, en otras palabras: tomar para sí aquello que enseña, aquello que profesa, aquello que divulga a sus alumnos.

Curiosamente, y para ir entrando en un tema que trataré próximamente, profesar es algo que hoy no está de moda (por decirlo de manera coloquial) y menos aún en la física… quiero decir, si un físico cuántico profesa de verdad con aquello que divulga e investiga… ¿no debería afectarle a su vida diaria? ¿No debería, divulgar los multiversos con sus actos, con sus palabras…? ¿Moverse en los infinitos mundos de infinitas posibilidades en los que sabe que nos encontramos? Seguramente el problema sea doble: por un lado, la masa no está preparada para aceptar un conocimiento que, en principio, le parecería de ciencia ficción pero que bajo mi punto de vista no deja de ser una metafísica tradicional, una teología incluso… algo que ya se planteó el hombre muchos años atrás… algo que se vislumbraba en Heráclito, que aparecía en la Biblia, que trató Wittgenstein… y por otro, estamos sólo ante el comienzo. Seguramente los ojos de Galileo no fueran los nuestros (atravesados por la tradición analítica), más formados (intelectualmente hablando) con lo que no es fácil describir algo que por el momento intuimos y que no conseguimos ver del todo… en definitiva, uniendo ambas partes: no todo está al alcance intelectual “de todos”.

Cierto es que el texto de hoy es poco profundo y mucho menos enriquecedor, pero sólo tiene por pretensión inducir al pensamiento: ¿Por qué no vivimos profesando con aquello que pensamos? Es innegable que somos pocos los que sufrimos nuestros pensamientos, nuestros estudios, nuestras “creencias”… como venía a decir Don Federico en uno de sus libros (no recuerdo ahora mismo las palabras exactas y tampoco el título): yo también querría ser como tu (cristiano) pero no puedo, porque no lo creo.

Abogando por una vida diaria más rica y comprometida, una vida coherente.

Sin acritud.