Comunidad y sociedad

Viendo la gran catástrofe japonesa (todo mi apoyo a los nipones) he recordado cierta distinción que hacía un autor, de cuyo nombre no es que no desee acordarme si no que directamente reconozco que no me acuerdo, entre sociedad y comunidad.

En su libro, del mismo título, argumentaba que sociedad y comunidad no eran sinónimos… y razón no le faltaba, intentaré explicarlo.

En nuestro mundo todo se intenta agrupar en sociedades: la sociedad española, la alemana, la inglesa… los humanos son rebaños con miles, millones de integrantes. Bien, hasta ahí creo que no hay nada que nadie no supiera pero ahora viene lo interesante: ¿Cómo son las relaciones que se dan entre los componentes (individuos) de esa sociedad? Pues son relaciones contractuales, sin más. Tienen deberes, derechos, responden ante leyes convenidas para asegurarse su existencia frente al miedo producido por el estado de naturaleza (gracias Hobbes, con ese postulado has conseguido que redacte una frase que parece incluso académica) y, lo que es más importante, son números. Números que responden a llamadas burocráticas: la policía consulta tu número de DNI, por ejemplo… no les importas como persona (bueno, nadie dijo que esos burros sin masa encefálica lo fueran tampoco – mi respeto a los burros, no a los policías, guardias civiles, etc…- hablaré de ellos otro día y la diferencia entre poder y autoridad… pandilla de mamelucos). Tras este paréntesis cabe decir que continúo.

Estas sociedades que, como las matemáticas, están compuestas por personas (números) que se rigen por leyes (reglas matemáticas) no tienen mayores relaciones intersubjetivas que las de motivo económico, de una manera u otra, así lo son.

De diferente forma, existen comunidades (que, por desgracia, muchas veces se encuentran dentro de estas sociedades). ¿Y qué son las comunidades? Pues bien, las comunidades son aquellos grupos de personas que se reúnen, que viven de manera cercana (un ejemplo es la expresión “comunidad de intelectuales”… bastante sencillo ver el punto, ¿no?) y que no necesitan de leyes, normas o pautas de conducta para convivir: ellos mismos se bastan y se sobran para llevar una vida plena, con unas relaciones intersubjetivas que se basan en el respeto mutuo y en la preocupación por el otro, y por uno mismo, faltaría más. Estas comunidades no necesitan de la repugnante figura del agente de la ley, puesto que sus problemas no tiene que resolverlos un pintamonas con pistola, si no que sus lazos son tan fuertes que pueden encontrar solución a cualquier obstáculo con su simple aptitud ante la propia vida en COMUNIDAD, aceptando éstas incluso la propia soledad de sus integrantes.

Con este planteamiento sobre la mesa (podría escribir sobre él durante páginas y páginas pero no es momento ni tengo ganas) entramos en Japón. Un terremoto, un tsunami, Fukushima en grado 4 según ellos, o 6 según Francia –que me da en la nariz que algo quieren sacar con tanta insistencia nuestros vecinos “los gabachos”- en la escala INES (bonito nombre que menta una desgracia pero que me recuerda a su vez a una gran persona) y la “sociedad” japonesa continúa dando lecciones de comportamiento. ¿Por qué sociedad entre comillas? Porque se asemeja más a comunidad, claro. Porque con todo el desastre ocurrido y lo que parece que está por venir no ha habido saqueos (si ocurriera un desastre similar en nuestra “amada” España… en fin, seguramente un insulto no conseguiría describir mi baja estima por la población de este, mi “querido” país –ahora y entonces-), no se han producido robos, tampoco ataques, no ha habido violencia… únicamente disciplina, ayuda de unos a otros, organización en la medida de lo posible y todos unidos en el intento de remar en una misma dirección: la de la salvación mutua, la de la salvación colectiva, la salvación común, “común-comunidad”. Nadie les ha tenido que imponer nada, han seguido lo que han considerado óptimo (no digo que no hayan escuchado las directrices del gobierno, ojo), desde el respeto común (no es bueno para todos comenzar a devastar los lugares de aprovisionamiento de la ciudad, como pasaría en España, los primeros nuestros queridos gendarmes con sus placas y pistolitas).

Comprobando lo acaecido para con Japón y el comportamiento nipón sólo me cabe dar entrada al ruedo de la discusión la siguiente cuestión: Ya que irremediablemente vives en una sociedad y no te gusta (si te gusta por favor nunca dejes de trabajar –así dios se apiadará de tu alma- qué retórica, por favor)… ¿No deseas formar tu pequeña comunidad en la que no necesites de todas aquellas normas preestablecidas para sentirte bien, para sentirte seguro, para VIVIR?

En caso de respuesta afirmativa piensa lo siguiente: tu familia, ¿has dado hoy un abrazo a tu madre? ¿A tu padre? ¿A tus hermanos y hermanas? ¿A tus amigos o amigas? Quizá la respuesta a la formación de una comunidad la tengas mucho más cerca de lo que piensas…

PD: Por favor, absténgase de hablarme de comunidades autónomas.

Sin acritud.